EMPRESA & ESTRATEGIA

Diversidad es ­sinónimo de vida

Extinción de especies, erosión genética de plantas útiles, pérdida de hábitats naturales... La biodiversidad está amenazada a muchos niveles. Symrise está luchando contra ello junto con otras 21 empresas en el marco de la iniciativa One Planet for Biodiversity.

En lo referente al estado de la naturaleza ya se vislumbran halos de esperanza, por ejemplo en Alemania: en zonas boscosas y asentamientos está creciendo el número de aves y, gracias a la renaturalización, muchos ríos y vegas vuelven a ofrecer un hábitat propicio para la vida de los animales. Sin embargo, eso es prácticamente todo lo positivo que se puede extraer del actual «Informe sobre el Estado de la Naturaleza» del Ministerio de Medio Ambiente de Alemania. En efecto, según este inventario, más de dos tercios del total de hábitats existentes en Alemania se encuentran en un estado entre insuficiente y deficiente. Lo mismo se puede decir del 60 por ciento de las especies, entre ellas sobre todo insectos, mariposas, libélulas y escarabajos. En la vecina Francia, según datos de su Ministerio de Medio Ambiente hay unas 1240 especies en peligro de extinción, mientras que en Estados Unidos son más de 2000. En la UE, el inventario ornitológico se ha reducido un 30 por ciento en 30 años, mientras que el número de mariposas también cayó en un 40 por ciento. En las zonas de selva del sudeste asiático y la Amazonia, la deforestación de grandes superficies amenaza el hábitat de decenas de miles de especies. Por tanto, la biodiversidad se sigue perdiendo a gran escala. Se habla de una extinción masiva global. RETROCESO AMENAZANTE El Convenio sobre la Diversidad Biológica, un comité científico global sustentado por 132 países, llegó en 2019 a la conclusión de que podrían desaparecer de la faz de la Tierra aprox. un millón de especies animales y vegetales. En especial el uso intensivo de la agricultura estaría conduciendo a la degradación o la destrucción de los ecosistemas, a la desaparición de especies y a la atrofia de los acervos génicos. Esta crisis global de biodiversidad se puede reflejar de múltiples formas. Así, un déficit de diversidad genética aumenta la posibilidad de sufrir enfermedades y ataques de parásitos. Un ejemplo es la variedad de banana Cavendish, que concentra prácticamente el mercado global de las bananas de postre. En muchas plantaciones, esta variedad se está viendo amenazada por un hongo que se propaga fácilmente en los monocultivos. «El retroceso de la biodiversidad pone en peligro el abastecimiento de alimentos para la humanidad. Además, nos arrebata muchos servicios ecológicos que presta la naturaleza, desde el suministro de materias primas naturales, pasando por la regulación del clima y los circuitos de agua y materiales, hasta servicios culturales que también son importantes para nuestra empresa, concretamente la naturaleza como fuente de inspiración», afirma Sascha Liese, director de sostenibilidad en Symrise. Añade que, para asegurar la producción alimenticia y garantizar la calidad y el sabor de los productos, empresas como Symrise dependen en último extremo de la biodiversidad y de unos ecosistemas intactos. Con el tiempo, muchos de los grupos que consumen materias primas de la naturaleza se han dado cuenta de ello.

TRES PRINCIPIOS BÁSICOS «El tema está entrando con fuerza en la agenda», señala Liese. Así, desde septiembre del año pasado, 21 actores globales fundamentalmente del sector de la alimentación y la cosmética unieron sus fuerzas en el marco de la iniciativa OP2B (One Planet for Biodiversity). Su objetivo es proteger la biodiversidad, utilizarla de forma sostenible y restablecerla. Para ello, quieren alinear en función de este objetivo tanto las cadenas de suministro como las carteras de productos. La iniciativa se declara en favor de tres principios básicos: una agricultura regenerativa, un espectro de productos diversificado basado en la diversidad genética y, por último, el restablecimiento de ecosistemas agrarios intactos unido a la protección de los bosques. «Hay que producir alimentos de alta calidad en suelos sanos», afirma Sascha Liese. «Hay que cultivar variedades de plantas resistentes y ricas en nutrientes, reconocer desde el punto de vista económico los servicios ecológicos y —no por último menos importante— poner en valor los potenciales de innovación, por ejemplo redescubriendo variedades antiguas o locales». Añade que lo importante para Symrise es trasladar a los productos toda la variedad de las plantas útiles y conservar las reservas genéticas de nuestras materias primas estratégicas. En Symrise hay numerosos puntos de intersección con OP2B. Desde 2015 existe en la empresa la agenda para la biodiversidad, que compromete a todas las divisiones a mitigar en sus actividades los efectos negativos sobre la biodiversidad o —mejor aún— a fomentarla. Igualmente, Symrise se ha comprometido públicamente a implementar los objetivos del Convenio sobre la Diversidad Biológica de Naciones Unidas. Por consiguiente, la participación en OP2B es un paso lógico. Actualmente, las empresas participantes están elaborando soluciones sistemáticas para fomentar la biodiversidad de sus cadenas de suministro. Una recopilación de proyectos exitosos debe servir como ejemplo de ello. Symrise figura en esta lista con el cultivo de vainilla en Madagascar. Allí, la empresa coopera con 7000 pequeñas explotaciones agrarias. Se fomenta la agricultura regenerativa, que refuerza la diversidad y protege los ecosistemas. Otro punto de intersección es la afiliación a la Union for Ethical Biotrade, una ONG que fija altos estándares de sostenibilidad en las cadenas de suministro y defiende unas relaciones comerciales honestas. Los recorridos de estas actividades confluyen en el Corporate Sustainability Board. «La sostenibilidad y la biodiversidad solo funcionan a nivel interdivisional», señala Liese. Las divisiones han establecido conjuntos de materias primas agrarias estratégicamente relevantes. El plan es producirlas y procesarlas de forma sostenible para el año 2025. «Acabamos de empezar un viaje», concluye Liese, «pero el final del camino está aún muy lejos». Y este camino no tiene ninguna otra alternativa. En efecto, «la diversidad biológica no es solo un seguro de vida para la humanidad, sino que también constituye el capital natural de nuestro sector y debemos conservarlo a largo plazo».


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